Tomás Alvarez - Periodista y escritor

Comunicación en el Camino de Santiago

…Un puente, un carro o una roca a la vera del Camino de Santiago, son puntos propicios para pintar una concha que nos habla del viaje y nos incita a soñar. Reportaje de Tomás Alvarez, en guiarte.com
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Imagen, Beatriz Alvarez. guiarte.com

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El viajero que desde la antigüedad recorre la ruta hacia Compostela va recogiendo mil mensajes comunicativos, en los que late desde la ostentación de dominio del poder –civil y religioso- hasta las leyendas y milagros que agrandan el mito en torno al propio apóstol Santiago.

Porque debemos desterrar de nuestras mentes la idea de que la Comunicación es un sistema o un proceso moderno que se desarrolla a través de los periódicos o los medios audiovisuales. El Camino estaba ya lleno de mensajes… desde la Edad Media.

Tomemos una imagen clásica de una ciudad de Castilla: la entrada a Burgos por el Arco de Santa María. Ante nosotros se hallarán en una sola imagen los símbolos del poder civil y el religioso. En el mismo arco está la figura del emperador, en un espacio central del retablo pétreo, y en lo alto, entronizada, la Virgen María. Por si fuera poco, al fondo, las airosas torres de la catedral también nos hablan del poderío de la iglesia.

Antaño no había periódicos ni televisiones, pero había una comunicación. El viajero que llegaba ante una ciudad lo sentía cuando veía de lejos las torres y las murallas.

Las murallas definían visualmente dos mundos: el de dentro, jerárquico, protegido y especializado y cerrado, y el de afuera, rural, contribuidor y abierto. Estar a un lado u otro de los muros implicaba incluso un posicionamiento socioeconómico. Afuera estaba el territorio explotado, inseguro, el temor, el lugar por donde se hacían correrías para recoger vituallas, la tierra de los contribuidores al progreso del centro urbano, el espacio por el que llegaba el enemigo. Dentro se disfrutaba de la protección del gobernante, aunque también se sufría su dominio. Pero ese dominio, esa exhibición de poder, facilitaba la pacificación de las masas: sin pacificación no hay un desarrollo de la economía y, sin éste no se recogen tributos.

En los edificios de la iglesia, las portadas, los altares, las pinturas murales o los inmensos vitrales destilaban argumentos mediante los cuales se explicaba, se vendía, una ideología y una religión, a las masas iletradas de la Edad Media.

La comunicación desde el poder religioso o desde el poder civil, está en el escenario que recorrían los viajeros y peregrinos. Palacios, templos, murallas y ceremoniales obnubilaban y condicionaban al ser humano como hoy lo hacen los programas y spots televisivos.

Pero, además, entre los grandes hitos urbanos estaban los territorios rurales, en los que también se alcanzaban a ver los elementos distintivos del poder. La estructura de las iglesias y monasterios, o los castillos que se alzaban en los oteros, realzaban permanentemente la representación del poder.

Aún en medio de la niebla, hasta las campanas de las iglesias y monasterios avisaban y orientaban al viajero del camino de la salvación. La campana era otro importante elemento de comunicación. León conserva una, datada en el siglo XI, correspondiente a la basílica de San Isidoro, que se tiene por la más antigua de la ruta jacobea.

En multitud de iglesia de todo el territorio, la imagen de Santiago recordaba la peregrinación, igual que lo hacían los hospitales e incluso los peregrinos, con su habitual indumentaria.

Si había grandes hospitales que impresionaban por su magnificencia –el Hospital del Rey en Burgos y el de San Marcos en León- en pequeños pueblos también aparecían humildes locales en los que el peregrino recibía caridad y un lugar para el descanso.

Las imágenes del apóstol Santiago nos revelan su historia y los mitos tejidos en torno a su figura. Uno de esos mitos está referido a su carácter guerrero. Abundan sus representaciones como caballero, frecuentemente en un caballo blanco, esgrimiendo la espada y decapitando a algún soldado del Islam, en recuerdo a la mítica batalla de Clavijo, en la que habría ayudado a las huestes cristianas a obtener una resonada victoria, que acabó con el vergonzoso tributo de “Las cien doncellas”.

El Santiago Matamoros está en multitud de iglesias de toda Navarra, Castilla, Galicia y León, a veces en trabajos de notable sabor popular, otras en magníficas obras.

Frecuentemente, el Apóstol aparece con la típica indumentaria del peregrino: el bordón o bastón, el sombrero, la concha (frecuentemente en el sombrero) y la calabaza. Es un modelo iconográfico atípico, en el que se pierde la simbología original y se suplanta por la de los fieles que acuden a venerar las reliquias.

Pero, junto a los elementos artísticos y monumentales comunicadores, estaba el otro gran monumento, el de la oralidad, integrado por experiencias, conocimientos, historias y mitos que corrían de boca en boca, y que fluían rápidamente por esta vía.

Hoy la ruta de Santiago aún está más llena de mensajes. No sólo los aludidos anteriormente, sino los incorporados en la modernidad, tales como la flecha amarilla o esa vieira de aire abstracto, pero plenamente incorporada al elenco icónico del país.

En la ruta, una pared vieja o una simple alcantarilla son lugares que aprovecha el alberguero cercano para ofertar un menú del peregrino o un lecho a precio asequible.

…Un puente, un letrero, un carro o una roca a la vera del camino, son puntos propicios para pintar una concha que nos habla del viaje y nos incita a soñar.

Tomás Alvarez

Texto e imágenes con mayor resolución, en guiarte.com

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